Consumo de alcohol en estudiantes en relacion con el consumo familiar y de los amigos

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Date: January-June 2007
From: Psicología y Salud(Vol. 17, Issue 1)
Publisher: Universidad Veracruzana
Document Type: Article
Length: 4,230 words

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RESUMEN

El objetivo del presente estudio fue analizar la relación entre el consumo de alcohol en los estudiantes con la historia familiar de consumo y con el de los pares, así como las diferencias en el consumo entre hombres y mujeres y entre los estratos socioeconómicos. Se trabajó con una muestra representativa de 980 estudiantes con una edad promedio es de 15.6 años. El estudio realizado fue correlaccional y se utilizaron cuestionarios de autoinforme. Los resultados muestran una correlación significativa entre la historia familiar de consumo de alcohol y el consumo de los estudiantes, así como entre el consumo de los pares y el consumo de los estudiantes. Otros resultados adicionales indican que hay diferencias importantes en el consumo de los estratos medio y medio-alto, pero no en el de hombres y mujeres.

Palabras claves: Consumo de alcohol; Historia familiar de consumo; Estrato socioeconómico.

Alcohol consumption in students in relation to the family and friends

ABSTRACT

The aim of this study was to analyze the relation between the students' alcohol consumption and the familiar history and the alcohol consumption of the siblings, and if there was a difference between men and women, as well as the socioeconomic status. It was used a representative sample of 980 students of an age average of 15.6 years. A correlational design was adopted, and there were used self-report questionnaires. Results show a significant correlation between the familiar history of alcohol consumption and the consumption of the students, as well as between the consumption of the siblings and the students'. Additional results indicate differences between the socio-economical middle and middle-high status; nevertheless, there were not significant differences in alcohol consumption between men and women.

Key words: Consumption of alcohol; Familiar consumption history; Socio-economic status.

**********

Berjano y Musitu (1997) definen a una droga como toda sustancia que cumple con los siguientes requisitos: a) es administrada de forma voluntaria por la persona; a través de su consumo se pretende obtener una serie cambios físicos y psicológicos; b) como consecuencia del continuo efecto reforzante de los cambios psicológicos derivados, puede provocarse en el consumidor una situación de necesidad psicológica de seguir consumiendo la sustancia; c) el propio consumidor y la sociedad en la que se haya inmerso perciben el producto como capaz de provocar los efectos anteriormente citados.

El devenir histórico ha convertido al alcohol en una sustancia ampliamente utilizada y con una enorme aceptación social, presente en casi todos los rituales sociales vinculados a la cultura occidental. Blum (1973) señala que el alcohol es, de hecho, la primera droga a la que los textos históricos se han referido en términos de abuso, varios miles de años antes de Cristo.

Desde este punto de vista, el consumo de alcohol, en un sentido estricto, implica únicamente la ingesta actual, aislada de otras ingestas pasadas o futuras. Pons y Berjano (1999) definen al consumo de alcohol como la utilización que se hace de la sustancia en un determinado momento y como consecuencia del cual se experimentan unos efectos determinados. Está claro que el consumo de alcohol se refiere al que realiza el alcohólico, el bebedor habitual --sea el consumo moderado o abusivo--, el bebedor esporádico o el que lo hace por primera vez.

El alcoholismo ha sido definido por Torres, Iglesias y Turro (2000) como una enfermedad que incluye todo uso de bebidas que causen daño de cualquier tipo al individuo, a la sociedad o a ambos. Es actualmente la toxicomanía de mayor relevancia en el mundo por su prevalencia y repercusión biopsicosocial.

Bolet y Socarras (2003) afirman que el alcoholismo es un trastorno conductual crónico manifestado por ingestas repetidas y excesivas de alcohol respecto de las normas dietéticas y sociales de la comunidad, que acaban interfiriendo con la salud o las funciones económicas y sociales del bebedor. Diversas transformaciones y cambios económicos, culturales y sociales han coincidido en ciertos momentos, provocando, entre otras cosas, un aumento de la disponibilidad del alcohol --con variación no sólo de la cantidad sino de la calidad de las bebidas-- y un mayor consumo del alcohol por parte de los jóvenes (Bolet, 2002). Además, algunos estudios han encontrado una relación significativa entre el consumo de alcohol en la adolescencia y el nivel socioeconómico. En general, los estudios coinciden en que las tasas más elevadas de consumo de alcohol en la adolescencia se aprecian en las clases sociales media y alta (cfr. Moreno, 2003). Herrera, Wagner, Velasco, Borges y Lazcano (2004) hallaron que los varones jóvenes, los estudiantes de preparatoria y universidad, así como los que provienen del nivel socioeconómico alto y aquellos que viven en áreas urbanas, mostraron mayores posibilidades de iniciar el uso del consumo de alcohol, comparados con las mujeres, los estudiantes de secundaria, los que provienen del nivel socioeconómico bajo y los que viven en el área rural, respectivamente; de aquellos, 60% de los varones había iniciado ya el uso de alcohol a la edad de 17 años, y 60% de las mujeres a los 18 años. Martínez (2005) indica que hay más hombres que mujeres que consumen alcohol en la mayoría de los países, aunque estas cifras se han estado igualando durante los últimos años en tal proporción que en algunas partes del mundo llega a ser en la actualidad de tres hombres por una mujer, lo que refleja un incremento evidente de sus cifras.

Según Motrico, Fuentes y Bersabé (2001), la adolescencia es una etapa de transición en la que generalmente se producen importantes cambios físicos, cognitivos y emocionales que afectan las relaciones de los adolescentes con sus padres y con los iguales. Sin embargo, estos cambios no se originan de forma brusca y rápida sino de manera progresiva y continuada, lo que permite que tanto padres como adolescentes se adapten a la nueva situación. En este sentido, parece más adecuado hablar de transformaciones en las relaciones familiares durante la adolescencia, aunque numerosas investigaciones han encontrado que dichas transformaciones pueden dar lugar a conflictos en las relaciones familiares.

La adolescencia, como objeto de estudio, ha sido abordada por diversas ciencias y disciplinas y desde los más diversos enfoques. Esta etapa de la vida se crea y recrea en una cultura particular contextualizada dentro de una más general. El joven, ya maduro en su capacidad biológica reproductiva, aún no se encuentra totalmente involucrado en los estándares productivos de la sociedad. En esa transición biopsicosocial se crean espacios y territorios para interactuar, es decir, se consolida la infraestructura de una cultura adolescente inserta en un contexto sociohistórico particular (cfr. González, 1999). En la cultura adolescente confluyen tres entornos emocionalmente significativos: la familia, los amigos y la escuela, así como otras esferas sociales que las sustituyen, como la banda, la calle o los medios masivos de comunicación.

Rojas, Fleiz, Medina, Moron y Domenech (1999) afirman que el consumo de alcohol aparece con la aceptación parental; en efecto, un mayor número de los que beben grandes cantidades han tenido contacto con el alcohol por medio de sus padres, lo que sugiere un ambiente que favorece el consumo de bebidas alcohólicas al haber cierta tolerancia social hacia esta conducta, ya que la propia familia y el grupo de amigos de estos estudiantes --quienes en su mayoría son menores de edad-- usan el alcohol en las celebraciones y festividades acostumbradas. Kandel (1975) encontró que factores tales como la ausencia de implicación maternal, la ausencia o inconsistencia de la disciplina parental y las bajas aspiraciones de los padres sobre la educación de sus hijos predecían su iniciación en el uso de drogas, confirmando que los principales factores de riesgo familiares para explicar el consumo de drogas legales eran la ausencia de normas familiares sobre tal uso, los conflictos entre los padres y el adolescente y el consumo de alcohol por parte del padre.

Martínez y Villar (2004) refieren que la familia es la principal influencia en los primeros años, pero que en la adolescencia lo es el grupo de la misma edad.

De las etapas de la vida, la adolescencia representa una de las más críticas por su carácter transcicional y el sometimiento a las influencias sociales, internas y familiares, que ejercen tanta presión en la satisfacción de las necesidades básicas y de realización que ponen en riesgo la estabilidad emocional. Se ha hallado que la supervisión parental o el conocimiento que tienen los padres sobre la actividad cotidiana de sus hijos adolescentes (dónde están, qué hacen, con quién, etc.) está inversamente relacionada con diferentes conductas de riesgo, como el consumo de tabaco, alcohol y otras drogas (Martínez, Fuertes, Ramos y Hernández, 2003).

Asimismo, Martínez y Robles (2001) señalan que un mayor apoyo percibido de la familia se asocia a un menor consumo de alcohol, incluso cuando su grupo de iguales tenga un consumo extremo.

Según Frauenglass, Routh, Pantin y Mason (1997), determinados ambientes familiares pueden favorecer las conductas de riesgo en los adolescentes. Midanick (1983) encontró que la cuarta parte de una muestra de 1,772 sujetos en la población general informó tener por lo menos un pariente de primer grado con problemas de alcoholismo. Beardslee, Son y Vaillant (1986) indican que 26% de las personas expuestas al alcoholismo parental durante la infancia manifiestan con posterioridad este problema, mientras que sólo 9% de las personas sin historia familiar de alcoholismo reciben un diagnóstico de dependencia al alcohol. Cutrona, Cadoret, Suhr y cols. (1994), sin embargo, no encontraron asociación entre el alcoholismo de alguno de los padres biológicos y la probabilidad de desarrollar el síndrome de dependencia o patrones de abuso de alcohol.

Rojas y cols. (1999) señalan que los alumnos que consumen drogas o cantidades importantes de bebidas alcohólicas parecen estar más distanciados de sus familias puesto que conviven menos con ellas y ayudan menos en las labores de su casa; del mismo modo, un número menor cumple con las normas paternales o muestran interés en apegarse a ellas.

El sistema familiar desempeña un papel fundamental para explicar la aparición de numerosas conductas inadaptadas en los hijos. Los padres, intencionadamente o no, son la fuerza más poderosa en la vida de sus hijos (Silverman, 1991), y la influencia de otros contextos sociales (medios de comunicación, grupo de iguales, escuela, entre otros) pasa normalmente por el tamiz de la familia, que puede tanto amplificar como disminuir su influencia, sea esta positiva o negativa (Pons y Berjano, 1997). El grupo de iguales del adolescente incidirá igualmente en su socialización. El muchacho, junto con sus amigos, se constituye en un grupo social organizado que le permite satisfacer sus necesidades de afiliación y aceptación por parte de los iguales.

El adolescente padece ambivalencias y contradicciones en el proceso de búsqueda del equilibrio consigo mismo y con la sociedad a la que desea incorporarse (Salazar, Ugarte, Vásquez y Loaiza, 2004). Por ello, los adolescentes son una materia moldeable y receptiva que está muy abierta a las influencias de los modelos sociales y de los entornos de vida que frecuentan; por ende, la falta de disciplina familiar se asocia a la etiología del abuso de drogas en esta etapa. Aun así, el grupo de pares durante la adolescencia constituye también una poderosa fuente de estrés (Gracia, Herrero y Musitu, 2002) al tener que mostrar el joven una casi absoluta conformidad con aquel.

La subcultura del grupo refleja inevitablemente la sociedad adulta y refuerza la mayoría de sus valores. El joven pondrá en práctica en el grupo de iguales las normas dominantes de los adultos. A este fin, las bebidas alcohólicas son para el adolescente un vehículo que le permite la entrada a un mundo hasta entonces reservado, y le hace al mismo tiempo partícipe de otra cultura (Pons y Berjano, 1997). Este hecho es un aspecto importante dado que el chico imita sobre todo a los individuos con significado social, y puede ocurrir que algunos de ellos consuman alcohol, e incluso que en ocasiones lo hagan de manera excesiva. Entonces, otros miembros que hasta ese momento no consumían de manera habitual, pueden comenzar a hacerlo llevados por la necesidad de adaptarse a la nueva circunstancia social representada por el grupo.

MÉTODO

Participantes

En el presente estudio de tipo correlaccional se trabajó con una muestra estratificada probabilística de 980 estudiantes de dos preparatorias del área metropolitana de Monterrey, N.L. (México), 485 estudiantes en una y 495 en la otra, con edad promedio de 15.6 años.

Procedimiento

Se realizó una prueba piloto del autorreporte con una muestra de 25 alumnos con el fin de analizar si los reactivos eran comprensibles y detectar los posibles errores que pudiera tener el instrumento. Una vez hecho esto, se modificaron algunas preguntas en cuanto a su redacción, procediéndose a su aplicación definitiva en la muestra probabilística de las dos escuelas. Se les explicó a los estudiantes el objetivo del presente trabajo, recalcando que su participación en el estudio era voluntaria.

Instrumentos

Para la recolección de datos se utilizó un instrumento con preguntas previamente recodificadas que contenían ítems para medir variables sociodemográficas (edad, sexo y posición socioeconómica) y el consumo de alcohol (la historia familiar de consumo, el consumo de los amigos y el consumo del propio adolescente).

Se utilizó una versión modificada del instrumento desarrollado por Pons y Berjano (1999) (INFLUCOL) para medir el consumo de alcohol. El instrumento original consta de 42 ítems tipo Lickert, con cuatro alternativas de respuesta con recorrido de 1 a 4, que mide el consumo del padre, la madre, los hermanos, amigos y compañeros de clase, así como de los propios estudiantes. Dicho instrumento fue rediseñado para adecuarlo al tipo de bebidas más comunes en nuestro país, y se modificó asimismo en cuanto a la organización y presentación de los ítems, quedando catorce posibles bebidas de consumo con cuatro opciones de respuesta (de 1 = nada, a 4 = mucho) y un total de 70 ítems, que abarcaron por separado la historia de consumo familiar (la suma del consumo del padre, la madre y los hermanos a través de 42 ítems); el de los amigos (14 ítems) y el de los propios sujetos (14 ítems).

La posición socioeconómica fue medida con una pregunta mediante la cual se autoclasificaron según el estrato social al que consideraban pertenecer; para este estudio, se agruparon en dos estratos sociales: medio y medio-alto.

RESULTADOS

Los sujetos de la muestra tuvieron una edad promedio de 15.6 años, con una desviación estándar de .847 y rango de 14 a 24 años. De ellos, 498 eran hombres (50.7%) y 482 mujeres (49.1%) (2).

En primera instancia, se procedió a realizar los análisis de consistencia interna de los instrumentos. En la escala de la historia de consumo familiar se obtuvo un coeficiente de .92 en el alfa de Cronbach; en la de consumo de amigos, de .93, y en la del estudiante, de .89. Los datos anteriores indican que los instrumentos utilizados tuvieron un nivel adecuado de confiabilidad. Posteriormente, se procedió a verificar la normalidad de las variables con la prueba de Kolmogorov-Smirnov, encontrando que no existía esta normalidad (K-S = .254, p = <. 01), por lo que se decidió realizar los análisis con pruebas no paramétricas.

Se encontró una correlación significativa entre la historia familiar de consumo de alcohol y el consumo de los estudiantes (rs = .499, p = .001), así como una correlación significativa entre el consumo de los amigos y el consumo de los estudiantes (rs = .505, p = .001). En la Tabla 1 se pueden observar los análisis descriptivos del consumo de alcohol, lo cual habla de que existe una relación entre el consumo de alcohol de los estudiantes con el consumo de la historia familiar y el consumo que realizan los amigos o compañeros de clase.

Se hallaron diferencias significativas con la prueba U de Mann-Whitney (Z = -2.649, p =.008) entre los estratos socioeconómicos. En la Tabla 2 se muestran los datos descriptivos en cuanto al consumo del estudiante, según su estrato.

Al hacerse la comparación del consumo de los estudiantes por sexo con la U de Mann-Whitney, no se encontraron diferencias en el consumo de alcohol entre los estudiantes por sexo (Z = -1.220, p = .222). En la Tabla 3 se muestran los datos descriptivos por sexo, apreciándose puntajes muy semejantes en el consumo del alcohol tanto por hombres como por mujeres.

DISCUSIÓN

En los resultados anteriormente descritos, en cierto modo similares a los reportados por diversos autores, existe una correlación positiva entre el consumo de alcohol de la familia y el consumo de los estudiantes, así como entre el consumo de los amigos y el consumo de los estudiantes. Sin embargo, debe considerarse que los puntajes o niveles de consumo de alcohol de los estudiantes (media de 16.6) y amigos (media de 20.9) son pequeños, ya que el rango del consumo de los estudiantes es de 37 y el de los amigos 42. Aun así, es importante tener en cuenta la edad de inicio en el consumo de alcohol en los estudiantes de la muestra del estudio (13.6 años) y su edad promedio de 15.6 años, pues en esta edad la influencia de los pares y de lo aprendido en su familia sobre el consumo de alcohol pueden ser decisivos para hacer de ello una práctica más consistente, además de que la edad de inicio es una variable fuertemente asociada al consumo de drogas (Martínez y Robles, 2001).

Rojas y cols. (1999) hallan que una alta proporción de jóvenes ingieren bebidas alcohólicas en sus propios hogares, lo cual coincide con diferentes investigaciones realizadas tanto en población adulta como entre estudiantes (cfr. Martínez y Villar, 2004). Aunado a lo anterior, dicho consumo es aceptado por los padres, e incluso el mayor número de los que muestran un alto consumo han tenido contacto con el alcohol a través de aquellos, lo que sugiere la existencia de un ambiente que favorece el consumo de bebidas alcohólicas al haber tolerancia social hacia esta conducta, ya que en diferentes núcleos sociales forma parte de las celebraciones y festividades de estos estudiantes, quienes en su mayoría son menores de edad; así, se pudo observar que el consumo familiar, así como el de los amigos, se relacionan positivamente con el consumo de alcohol de los estudiantes.

Algunos autores señalan que, sin desestimar la importancia de la presión grupal, la influencia de la familia resulta ser la variable que con más insistencia se plantea en los trabajos referidos a factores de riesgo. En este mismo sentido, se ha hallado una relación directa entre el consumo de alcohol de los progenitores y el de sus hijos adolescentes, y asimismo se ha visto que el uso de alcohol por parte del padre es el principal predictor del mismo tipo de consumo en el adolescente. Por otro lado, los estudios coinciden en que las tasas más elevadas de consumo de alcohol en la adolescencia ocurren en las clases sociales media y alta (cfr. Moreno, 2003). Los resultados del presente estudio coinciden con los de tales estudios, ya que hay diferencias significativas entre los estratos sociales en cuanto al consumo del alcohol, siendo mayor en el estrato alto.

Martínez (2005) señala que hay más hombres que mujeres que consumen alcohol en la mayoría de los países, aunque estas cifras se han estado igualando durante los últimos años en tal proporción que en algunas partes del mundo llega a ser en la actualidad muy semejante, lo que refleja un incremento evidente de las cifras. Los anteriores estudios fueron realizados con población adulta, y los resultados presentes se refieren solamente a estudiantes de preparatoria; aun así, no hay diferencia significativa en el consumo de alcohol entre hombres y mujeres, lo que puede deberse en parte a la muestra estudiada, a los cambios generacionales o a una mayor permisividad y aceptación social.

En algunos estudios se ha podido constatar que los varones tienen más probabilidad de desarrollar drogodependencias que las mujeres, y que los niños tienen más probabilidad de consumir drogas que sus hermanas, compartiendo aparentemente las mismas condiciones familiares. La evidencia epidemiológica nacional e internacional reconoce que el uso ocasional o continuo de alcohol y tabaco, solos o combinados, es común entre la gente joven, con mayor prevalencia de uso en el sexo masculino, con mayor número de usuarios de alcohol que de tabaco y mayor preferencia por el alcohol como droga de inicio en los estudiantes de 12 a 19 años de edad; así también, la edad de inicio es una variable fuertemente asociada al consumo de drogas; a los 15 años de edad, 50% de los estudiantes ya había iniciado el consumo de alcohol (Martínez y Robles, 2001). En este estudio, la edad promedio de inicio fue de 13.6 años de edad.

Ya que el sistema familiar desempeña un papel fundamental para explicar la aparición de diferentes conductas inadaptadas en los hijos, se infiere la necesidad de implicar a los padres en los procesos preventivos a fin de crear un ambiente familiar positivo y ofrecer a los hijos un modelado racional y controlado en el uso familiar de bebidas alcohólicas. La prevención debería incluir a los padres como un agente central de la intervención (Pons y Berjano, 1999). En particular, los estilos parentales de socialización apoyativos y afectivos, al contrario que los coercitivos y reprobativos, desarrollarán en los hijos confianza en sí mismos, alta autoestima y capacidad de autocontrol. Así, los jóvenes podrán ser menos vulnerables a la presión grupal, variable que ha sido ampliamente relacionada con el consumo de alcohol.

En resumen, es necesario que se hagan más investigaciones con otras muestras de jóvenes para tener una visión más amplia de este fenómeno y enfocar de esta manera los trabajos de prevención y de investigación a las situaciones específicas en el consumo de alcohol del estudiante, de la familia y los amigos que contribuyen a que el joven consuma alcohol.

REFERENCIAS

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(1) Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Mutualismo 110 Col. Mitras Centro. 64460 Monterrey, N.L., Tel. 8333-78-59 Fax 83-33-82-22, correos electrónicos: rlanderol_mx@yahoo.com.mx y psiquemalena@yahoo.com.mx. Artículo recibido el 19 de julio de 2006 y aceptado el 16 de febrero de 2007.

(2) En algunos cuadros puede variar la muestra total debido a que hubo de tres a cinco valores perdidos.

Tabla 1. Análisis descriptivo del consumo de alcohol (n = 980).

Tipo de consumo     Media     Mediana     D. T.     Rango

Familiar            49.70     47.00       9.07      70.00
Amigos              20.87     18.00       7.52      42.00
Estudiante          16.62     15.00       4.65      37.00

Tabla 2. Consumo de alcohol por estrato socioeconómico.

                                                   Rango
Estrato         n     Media    Mediana    D.T.     medio

Medio-alto     762    17.14     15.00     5.41     534.68
Medio          223    16.46     14.00     4.40     480.80

Tabla 3. Consumo de alcohol por sexo.

                                                Rango
Sexo         n     Media    Mediana    D. T.    medio

Hombres     498    16.80     15.00     4.79     500.69
Mujeres     482    16.42     15.00     4.51     479.90

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